lunes, 27 de diciembre de 2010

Los retos del 2011


El primer programa, el prioritario en esta administración estatal en el año 2011, es y será el de la seguridad pública; el compromiso más importante de las autoridades es, sin lugar a dudas, trabajar arduamente para recuperar la paz y la tranquilidad pública de todo el estado, para recuperar la paz y la tranquilidad, es fundamental y de vital importancia la confianza de la gente en las instituciones públicas del estado.
El problema de la seguridad pública es multifactorial, de dimensión nacional, incluso, internacional, en Quintana roo se debe trabajar muy de cerca con la sociedad. No se debe ya ocultar ni maquillar información alguna, por el contario, se debe trabajar con veracidad y objetividad, por más dura que sea la información.
De manera veraz y oportuna, deben llevarse las tareas y acciones necesarias desde el ámbito de la responsabilidad pública. Los tres niveles de gobierno deben integrar un ente, un conjunto de visiones, de facultades y de atribuciones que nos permitan recuperar gradualmente la tranquilidad de la sociedad Quintanarroense.
En la medida en que la gente tenga confianza en las instituciones públicas, como es el caso de la Procuraduría General de Justicia del estado, como es el caso de las instancias federales en materia de seguridad, y como es el caso en las instancias de seguridad publica en el ámbito municipal, por más complejo que éste sea, se estará dándoles a las quintanarroenses la señal más clara de que se puede avanzar trabajando conjuntamente en un mismo equipo, que se tiene como propósito, central y esencial, desarrollar para la entidad una mejor forma de vida.
Los gobernantes deben hacer un vehemente llamado a la población en general para que se involucre en la delicada tarea de recuperar la tranquilidad y la paz, pero, sobre todo, a coadyuvar en la reconstrucción del tejido social.
Para ello, es preciso es involucrar a los actores económicos, a las distintas denominaciones religiosas, a los medios de comunicación, a los organismos no gubernamentales, a la universidad pública y a las privadas; a los sindicatos y gremios; que la gente sea el elemento articulador de la reconstrucción del tejido social.
Se debe despolitizar los derechos y la dignidad de los más desprotegidos; que el campo arraigue y sea un lugar de desarrollo.
Se debe Cimentar un nuevo pacto social, generar las bases de un desarrollo sustentable, recuperar nuestra convivencia como una gran familia, trabajar por un Quintana roo con educación, con seguridad, que atiende la salud, con empleo, un Estado que reconoce el trabajo, solidario con el campo y el turismo, como una entidad federativa, una familia.
Con altura de miras, se debe construir un claro anhelo de nuestro pueblo: vivir en paz, en armonía. Edificar un mejor presente y un futuro promisorio.
La corrupción y la ineficacia de las instituciones generan impunidad y lesionan la credibilidad y la confianza ciudadana en el gobierno.
Toda actuación de la autoridad fuera del orden legal lesiona los derechos ciudadanos, ya sea por el abuso en el ejercicio del poder público, o bien, por la omisión en la aplicación de la ley.

El estado necesita que sus ciudadanos confíen plenamente en el sistema jurídico y en el desempeño de las instituciones de justicia y de gobierno. Ello es fundamental para reforzar la alianza entre el gobierno y la sociedad en la lucha contra la impunidad y la corrupción.

El objetico en este 2011 debe ser Generalizar la confianza de los habitantes en las instituciones públicas, particularmente en las de seguridad pública, procuración e impartición de justicia.

Además se debe Impulsar la vigencia de leyes modernas, suficientes, claras y sencillas en todos los ámbitos de la actividad estatal.

El marco jurídico vigente debe mejorarse a efecto de permitir el desarrollo de la sociedad, por la vía del respeto, la armonía y la productividad. Adicionalmente urge su transformación como punto de partida para recuperar la confianza social, ya que la ciudadanía sólo cambiará su percepción si advierte que las leyes se modernizan en su favor.
Para alcanzar este objetivo, el Gobierno debe impulsar las reformas necesarias para dar certeza, claridad y agilidad a los procedimientos que los particulares tramitan ante las instancias de la Administración Pública.

Se deben Transparentar los procesos de operación de los servicios públicos que reciben los ciudadanos.

Al ser éste el nivel más directo de interacción entre ciudadanos y gobierno, debe ser el que brinde resultados más claros en materia de transparencia. Se identificarán los trámites en los que más frecuentemente se dan sobornos o se paga por la ayuda de un intermediario, y se implementarán mecanismos de monitoreo y asesoría a los ciudadanos para que todas las personas reciban servicios de calidad sin distinción alguna y sin espacio para la corrupción. Sólo de esta forma podrá recuperarse verdaderamente la confianza ciudadana en la acción gubernamental del estado.

martes, 21 de diciembre de 2010

La realidad del Poder Judicial en el estado


Si bien la corrupción ha sido un fenómeno tradicionalmente presente en nuestra sociedad y en particular en nuestro sistema de justicia, como lo demuestran las denuncias públicas hechas, hoy en día es posible afirmar que la corrupción constituye una auténtica amenaza para la convivencia y el orden democrático.
La corrupción responde a una lógica perversa, radicalmente opuesta a los principios y valores en que se fundamentan los estados democráticos de derecho. Además, la debilidad institucional, que suele caracterizar a las democracias en proceso de consolidación, contribuye al sostenimiento de un sistema paralelo de corrupción, que deteriora los patrones de confianza, convivencia y gobernabilidad necesarios para su existencia.
La corrupción tiende a ser tanto injusta como ineficiente y puede socavar las opciones democráticas. La investigación empírica sugiere la existencia de una correlación negativa entre el desarrollo y los altos niveles de corrupción, cuando se tiene en consideración otros factores. Los casos estudiados, indican que los pagos ilegales pueden desincentivar la inversión privada e incrementar sustancialmente los costos y disminuir la calidad de las obras públicas.
En este esquema, los Poderes Judiciales suelen ser llamados a actuar como instituciones claves para el control de la corrupción, convirtiéndose en pilares fundamentales del orden democrático. Sin embargo, cuando la corrupción adquiere dimensiones sistémicas, y globales, poco o nada pueden hacer instituciones judiciales que se caracterizan por su debilidad, ineficiencia y falta de independencia. Por ello, una lucha adecuada contra la corrupción requiere transformar la situación de los sistemas de justicia, a fin de hacerlos más sólidos, transparentes e independientes, y puedan cumplir a cabalidad su rol de control y promoción de un adecuado funcionamiento del Estado.
Este está dirigido a analizar los datos e investigaciones realizadas en el estado de Quintana Roo sobre la presencia de la corrupción en el servicio de justicia, haciendo hincapié en dos de las instituciones básicas del mismo: el Poder Judicial y el Ministerio Público. Lamentablemente, la información disponible sobre este tema no es nada buena, este período de corrupción afecta fuertemente el desempeño de la administración de justicia, por lo que es necesario un mayor esfuerzo por parte del Estado y de la sociedad civil para conocer y superar las condiciones que llevaron a esta situación.
El Poder Judicial en el estado se ha visto afectado, históricamente, por problemas de corrupción, que se han expresado desde simples actos de influencia, por parte de personas dotadas de poder público o de poder de hecho, hasta la absoluta abdicación de sus funciones, y la formación de redes ilícitas a su interior. Ello hace que su tratamiento sea complejo, por lo que su solución exige una voluntad política integral del Estado y de la sociedad para enfrentarlo.
Sin embargo, son escasos los estudios que existen sobre este fenómeno en el estado, y se enfocan sobre todo en recoger la opinión y percepción que tiene la población sobre los alcances de la corrupción al interior del aparato judicial, lo que suele ser entendido como un indicador importante de su realidad.
Los sondeos de opinión pública que se realizan en el estado, en donde recurrentemente se afirma el carácter poco confiable del Poder Judicial y los niveles de corrupción que la gente aprecia en su interior. Este es el caso del estudio de opinión que revela que el 73% de la gente considera que el Poder Judicial es la institución pública más corrupta.
Si se señala que la corrupción es el principal problema del Poder Judicial, seguido en menor nivel por la interferencia política (12%) y el bajo presupuesto (9%), la tolerancia a la corrupción es un fenómeno que debe causar mayor preocupación.
De acuerdo con una serie de pláticas efectuadas a destacados juristas sobre las modalidades en las que se expresaba la corrupción en el Poder Judicial, las más comunes son tres: la corrupción por motivos políticos, la generada entre los miembros del Poder Judicial y los sobornos. La primera se expresaba en el sistema de ascensos y nombramientos de los jueces y constituye el principal instrumento de presión del Ejecutivo y del Congreso del estado sobre el Poder Judicial. La segunda modalidad se expresa a través de la presión de unos jueces sobre otros para modificar sus sentencias aduciendo razones procesales, lo que significa que jueces honrados, pero faltos de carácter, modificaran sus fallos. Se trata de problemas individuales antes que institucionales. Respecto de los sobornos, en algunos casos estos buscan acelerar trámites, en otros modificar los resultados de las sentencias. En el primer caso supuestamente se configuran por los escasos ingresos de los auxiliares de justicia.
Existe el consenso de que el origen de la corrupción se encuentra en toda la sociedad y no sólo en el Poder Judicial. Sin embargo, los litigantes serían los que más auspiciaban la corrupción en el Poder Judicial, así como las mafias compuestas por abogados y jueces.
Se afirma que varios despachos de abogados pagan sobornos sistemáticamente. Los abogados de mayores ingresos son los que pagan más sobornos. Ello fue negado por quienes afirmaron que se trataba de un fenómeno extendido. Otro mecanismo de corrupción es que los auxiliares de justicia, en tanto preparaban confidencialmente el borrador o el proyecto de la sentencia, aprovechándose del litigante le cobran por orientar el fallo a su favor.
La frecuencia de la corrupción, sin embargo, es visualizada de manera distinta por estos actores: mientras el 46.4% de abogados y el 52.1% de usuarios considera que son frecuentes, el 73% de jueces y el 55.3% de auxiliares considera que son poco frecuentes. Esto puede ser contrastado cuando vemos que solamente el 30.36% de usuarios y el 38.2% de abogados indican conocer actos de corrupción de manera directa, lo que llevaría a pensar que existe una percepción exagerada sobre este fenómeno entre dicho grupo alimentada en parte por los medios de comunicación, los que sirven de mecanismos para conocer de hechos de corrupción para el 21% de estos.
Con respecto a las principales conductas vinculadas con la corrupción, se señalan las siguientes: el tráfico de influencias (45.5%), la demora en el trámite de expedientes (37.7%); el cobro de dinero o la aceptación de regalos (37%); que todo se tenga que notificar (16.7%) y, por último, la mala atención al Público (15.8%). Para los abogados, el tráfico de influencias constituye también el principal hecho de corrupción (69.3%), seguido del cobro de dinero o recibo de regalos (52.4%), la demora en el trámite del expediente (39.3%), la mala atención al público (18.7%); y que el magistrado reciba en su despacho a alguna de las partes (10.5%).
Con respecto a quienes promueven la corrupción al interior del Poder Judicial, los auxiliares jurisdiccionales señalan a las partes como las principales responsables de la corrupción (33%), seguidos de los abogados (28.9%), de otras personas ajenas al Juzgado (26.4%), de los jueces (19.3%) y de otros auxiliares (10.7%). A su vez, los jueces indicaron que la corrupción judicial proviene en primer lugar de los abogados (40.5%), seguido de los auxiliares jurisdiccionales (24.3%) y de otros magistrados (16.2%).
Estas respuestas expresan claramente que la corrupción no es un fenómeno unilateral, sino que es promovida y alimentada por los diferentes actores del sistema, lo cual es percibido de manera similar por todos. Ello se fortalece en su dimensión práctica cuando vemos que el 26.9% de usuarios, el 28.1% abogados y el 7.1% magistrados mencionaron haber tenido la necesidad de intervenir o participar en un acto de corrupción durante un juicio.
En resumen, la corrupción es percibida mayoritaria y tradicionalmente como un grave problema de la administración de justicia en el estado. Sin embargo, más allá de esta visión común y de alguna medida uniforme que podemos encontrar sobre el fenómeno a lo largo del tiempo, lo cierto es que las prácticas y modalidades de corrupción en el aparato judicial del estado han ido variando en los últimos años, hasta llegar hoy en día a su clímax para alcanzar una dimensión sistémica.

domingo, 12 de diciembre de 2010

¿Que es la fe?


Hay más fe en una honrada duda, creedme, que en la mitad de las creencias.
La palabra fe deriva del término latino fides y permite nombrar al conjunto de creencias de alguien o de un grupo. También hace referencia a la confianza o al buen concepto que se tiene de alguien o de algo.
La fe, por otra parte, es la aseveración de que algo es cierto o el documento que certifica la veracidad de algo (“El escribano dio fe del acto”).
Entre los factores que intervienen en la fe, aparecen la razón, la moral y las emociones. La fuerza racional surge cuando la fe nace de un postulado y se le combina con evidencias del pasado. La fuerza moral, en cambio, interviene en aquella fe que surge por algún tipo de temor a ser castigado o por el deseo de obtener una recompensa prometida. La fuerza emocional hace referencia a la fe que nace de un deseo y que aporta a la autoestima y dignidad de una persona.
La fe suele ser la base de las religiones, ya que los creyentes depositan su confianza en una serie de postulados que les son dados.
El concepto de fe puede utilizarse en combinaciones con otras palabras: la buena fe se refiere a la rectitud, a la honradez y al comportamiento honesto; la mala fe, en cambio, incluye malicia y alevosía. También puede mencionarse a la fe de erratas, que es una lista de errores que publican los libros o los medios de comunicación con una enmienda que el lector debe tener en cuenta.
Fe, del latín fides, "confiar", es en la terminología religiosa y relacionado con las llamadas virtudes del cristiano, aquella fuerza interior que permite al hombre someterse a las situaciones más adversas para tornarlas a favor de su grupo religioso en nombre de Dios. Según este postulado, el que aplica la fe de forma virtuosa es el que estaría en camino de ser sabio, porque sabría cómo cumplir con los objetivos que le han marcado y que él mismo está conforme y profundamente convencido de ello. De igual manera, según lo anterior, el virtuoso de la fe sabe cómo poner a los demás de su lado y los lleva a alcanzar un objetivo común que al final es el indicado por Dios.
Implica, por tanto un componente intelectual, ya que la fe no es un consentimiento, sino un asentimiento y considera un motivo específico.
Sin duda se trata de un concepto abstracto de muy difícil definición. La fe es un término propio de la religión que se refiere al acto de creer ciegamente en algo, ya sea en una deidad o en un conjunto de asuntos propios de la religión en cuestión.
La creencia propia de la fe hace del asunto creído algo tan fuerte que adopta el carácter de verdadero aún sin ser comprobado. La fe puede comprenderse también como aquella actitud, que incluye tanto voluntad como intelecto, de totalidad del ser que se dirige a algo divino o a una entidad suprema.
En forma más específica, la religión Católica incluye la fe como una de las tres virtudes teologales, colocándola incluso en el primer lugar, con las que la Iglesia asiente la revelación de Dios.
Una definición de fe es posible de encontrar en la Biblia. Dicha definición se encuentra en Hebreos 11:1 y dice lo siguiente: “Es, pues, la fe la certeza de los que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Como es posible ver, se trata de uno de los pilares fundamentales de la religión Católica, comportándose como uno de los motivos, o incluso el más importante que ha permitido mantener a la Iglesia, como institución, en pie durante tanto tiempo.
Para las religiones en general, sea cual sea su naturaleza, la fe se comporta como algo fundamental, es más, sin la fe de sus fieles, las creencias dejarían de serlo, desvaneciéndose y permitiendo que la religión se desmoronase. Lo anterior, debido a que algo básico de todas las religiones es que hay cuestiones que sólo se creen, asuntos que los creyentes aceptan sólo porque su religión lo afirma, adoptándose como una creencia tan verdadera como aquellos asuntos comprobables a través de la historia o la ciencia.
Más allá del ámbito religioso, la fe está presente en el desarrollo y actuar de todos los seres humanos. Desde cierto punto de vista no podríamos funcionar en el mundo sin la fe o convicción sobre el orden y desarrollo de las cosas, aunque en la mayoría de los casos no contemos con las pruebas ni los conocimientos como para "probar científicamente" estas convicciones, sencillamente creemos en ellas.
Para algunos, la FE, es un misterio, para otros es una ilusión; aún hay otros que piensan que es locura y otros tantos la consideran… fanatismo. Por el momento es cuanto

jueves, 9 de diciembre de 2010

El concepto de dios


Algún tiempo después de su creación, la sociedad fijó las leyes, reglas de obligada observación fuera de las cuales no existen hermanos, solamente miembros de una sociedad profana, no iniciática. Con posterioridad, estas "leyes" han variado, con interpretaciones múltiples, Incontestablemente, las sociedades era de esencia religiosa; y su carácter sagrado se ha conservado. En este entorno es donde la evolución del concepto de dios o el creador debe ser examinada en el transcurso de los últimos siglos.
Pero, para que todo quede aclarado y puntualizado, parece oportuno definir previamente los dos conceptos fundamentales que han sido llamados: deísmo y teísmo.
El deísmo es una representación mental, que reconoce la existencia de una potencia superior, denominada generalmente Dios. Es una creencia basada en la razón, pero que rechaza toda revelación y, por tanto, todo dogma, pero que observa la religión natural. En una palabra, el deísmo cree en una entidad superior incognoscible.
El teísmo, por el contrario, es la creencia en un sólo Dios personal y transcendente y en su voluntad revelada. Es el Dios creador del universo y del hombre, que rige a ambos pues está imanente en toda su creación.
Por eso, el deísta admite que su razón puede concebir la existencia de una potencia supra humana, de un Absoluto, de un Principio, rechazando el analizar las características que escapan a las facultades humanas; en una palabra, a definir esta entidad, mientras que el teísta se considera capaz de estudiarlo y de dogmatizar.
Hecha esta puntualización, es evidente que el problema esencial e indiscutible para la sociedad, es la creencia en dios a la Gloria del cual se cree y trabaja. Es evidente que, así concebido, el significado de dios. Debería, en principio, ser admitido tanto por los teístas como por los deístas, pero ¿qué sucede en la realidad?.
"Un semejante tiene la obligación de obedecer la ley moral
Se trata también de una manifestación de tolerancia, tan amplia como el estado de conciencia
"Cualquiera que sea la religión de un hombre o la manera de adorar a Dios, no será excluido de la sociedad, siempre que crea en el creador del cielo y de la tierra".
Este dogma está concretado como sigue:
"La sociedad tiene un culto para conservar y extender la creencia en la existencia de Dios. Para ayudar a los hermanos a regular su vida y su conducta sobre los principios de su propia religión cualquiera que ella sea. Con la condición de que sea una religión monoteísta, que exija la creencia en Dios, como Ser Supremo y que esta religión tenga un Libro Sagrado, considerado como el contenedor de la Voluntad revelada de Dios y sobre el cual el pueda prestar juramento.
Por consiguiente, el hombre de buenos principios debe tener un Dios personal y creer en sus dogmas. Esta posición teísta está confirmada por varios célebres escritores que estiman que la ley esencial es la creencia en la existencia de Dios como Gran creador y en la resurrección en una vida futura.
La creencia en Dios, y en su Voluntad revelada es una condición esencial para la admisión y aceptacion de sus miembros en esta sociedad".
"Creencia en Dios, creencia en su Voluntad revelada expresada en el Libro de la Santa Ley; creencia en la inmortalidad del alma".
En la linea del espíritu liberal que se le caracteriza, se designa a Dios, señalado el concepto fundamental: el Gran Creador del Universo. Este concepto es evocador de un Principio de Orden regulador del mundo manifestado, sin jamás tratar de definirlo.
Sin embargo, la aprensión de este concepto despierta de la consciencia de cada hombre
1º.- "Creencia en un Principio de Vida, Creador y Ordenador transcendente e imanente. Sabiduría infinita, conocimiento perfecto, Amor, Perfección, ese es nuestro dios que condiciona nuestra vida.
2º.- "Cada uno elige su sentimiento personal en el vasto jardín iniciático, pero todas las vías individuales conducen hacia el Conocimiento del Infinito y hacia la identificación final del Iniciado con Ella. ¿Cómo se podría reconocer este camino iniciático si el viajero no creyese en la existencia del fin hacia el cual avanza?".
"La idea de dios tiene un sentido. Las sociedades manifiestan así su unión a un universo donde los sentidos le conducen sobre los no sentidos, el Ser sobre la Nada".
Dios es el Principio Creador, dinámico por excelencia, organizador del Universo. Pero ningún dogma le está relacionado.
Es posible concebirlo como la ley que rige la materia donde los hombres no pueden percibir nada más que las manifestaciones sensibles; en este caso, el Universo visible, donde él es el Principio conductor y conservador, es la Divinidad en estado de manifestación.
Se puede entender como el organizador, el ordenador, el geómetra, la fuerza ordenatriz que lucha contra el caos y lo sustituye por la armonía, es decir, como un principio de orden.
Se le puede admitir también como un Dios creador, principio de la existencia. Este puede ser el Dios de los filósofos, también como el Dios de las religiones reveladas. Justifica siempre la lucha del hombre contra la materia, el azar o el destino.
El símbolo de dios no está unido a ninguna creencia, expresa, por consiguiente, la fe de las personas en la total libertad de conciencia. Se sitúa de una forma natural en el cuadro de la iniciación sobre un plano ideal trascendiendo al caos, exaltando los valores espirituales más altos, dando el gusto por lo sagrado y conduciendo el viaje hacia lo invisible.
"Dios toma toda la masa de cosas visibles que no estaban en reposo, se movían sin regla y sin orden, y las hace pasar del desorden al orden, estimando que el orden es superior a todos los conceptos".
Es igualmente la Divinidad de la que habla Voltaire en sus Diálogos Filosóficos:
"Este dios si es visible a nuestro espíritu y al mismo tiempo incomprensible, ¿cuál es su morada? ¿Desde qué cielo, desde que morada envía él sus eternos decretos a toda naturaleza? Yo no sé ni entiendo nada, pero sé que toda la naturaleza le obedece".
Es también el Dios evocado por Descartes en todas sus Meditaciones:
"Se encuentra en Dios una infinidad de cosas que no puede comprender ni entender, pues su naturaleza es infinita y la mía está cerrada y limitada, por lo que no puedo comprenderla".
En fin, en Emilie, Jean Jacques Rousseau, expresaba:
"La idea de creación me confunde y rebasa mi entendimiento".
Para mis hermanos no es pues necesariamente una persona divina donde la voluntad revelada será visible y se explicaría de una vez para siempre por el texto inmutable de una Ley escrita. Es un principio superior que no exige ningún credo.
"Para revelar al hombre a sus propios ojos, para hacerlo digno de su misión sobre la tierra, la sociedad sitúa el principio que el Creador Supremo ha dado al hombre como bien más preciado, la Libertad; patrimonio de la humanidad entera, don que ningún poder tiene el derecho de suprimir o coartar y que es la fuente de sentimientos de honor y de dignidad".
Las sociedades, que se autodefinen "tradicionales" son teístas y se han transformado en el curso de los años en conformistas, intolerantes y más o menos sectarias, exigiendo la creencia en un Dios personal. Por el contrario, el deísta, es liberal y tolerante. Ha permanecido fiel a la Tradición teniendo en cuenta la evolución espiritual de la humanidad en el curso de los dos últimos siglos.
En este aspecto, más aun que en otros, la búsqueda de la verdad necesita una absoluta libertad de pensamiento y de consciencia, conjugada con su indispensable corolario: el respeto del hombre.

La justicia por mano propia es un derecho


En estos últimos días, la noticia de la muerte de Don Alejo Garza Tamez ha circulado por todo el país. Don Alejo, un terrateniente de 77 años defendió su propiedad, el trabajo de su vida, hasta la muerte con un valor y coraje insuperables, llevándose por delante a cuatro sicarios e hiriendo gravemente a otros dos. Se trata de una persona que no se dejó amedrentar por un grupo de sicarios que exigieron les entregara control de su propiedad y que, al igual que muchos, murió en el camino.

La historia por sí misma es simplemente sorprendente. Don Alejo, al más puro estilo del Salvaje Oeste, pidió a sus empleados que lo dejaran sólo, se atrincheró en su propiedad y preparó sus armas y municiones, como listo para defender una pequeña ciudad sitiada. Pero los detalles y acciones posteriores levantan dudas y críticas; y nos dejan con una profunda tristeza pero en lo personal, con un poquito de esperanza. ¿Por qué esperanza? Porque mientras existan más personas como don Alejo en este país, no todo está perdido.

Son muchos los sentimientos que produce esta noticia:

Coraje. ¿Cómo es posible que alguien, simplemente porque tiene un arma de largo calibre y varias personas tras de él, pida a un ciudadano honesto que le entregue el fruto de su trabajo? Me parece simplemente increíble que un país cuyos migrantes mueren año con año intentando conseguir un mejor empleo, aún haya gente que intente enriquecerse a costa de otros de una forma tan descarada.

Orgullo. Don Alejo, pudiendo haber entregado su propiedad y librarse de mayores problemas, decidió actuar. No sabemos que pasaba por su mente exactamente, pero es evidente que el hartazgo y el enojo pudieron más que el miedo. En la actualidad no son pocos los casos de ciudadanos que toman justicia por su propia mano. Pero el caso de Don Alejo resalta porque a diferencia de cualquier linchamiento, él estaba sólo. Sus acciones lo prueban: aún quedan mexicanos valientes.

Decepción. ¿Por qué Don Alejo no llamó a la policía, al ejército, a alguna autoridad? Vamos, a fin de cuentas tenía 24 horas para conseguir toda la ayuda que pudiera… Por desconfianza. Porque los mexicanos ya dudamos de la capacidad de nuestras autoridades para protegernos, así como de su lealtad e incorruptibilidad. Porque ahora sabemos que ellos tampoco son invencibles.

¿Qué podemos rescatar de esta historia? Primero, el alto grado al que ha llegado la ingobernabilidad en los estados fronterizos es un reflejo más de que algo no funciona con la estrategia de seguridad. Segundo, Don Alejo, por lo visto, no confió en las autoridades. Entonces, ¿por qué no invertir más en programas de certificación y control de confianza? Una población que confía en sus cuerpos policiales y soldados es más propensa a cooperar en investigaciones del ámbito penal. Y tercero, los mexicanos somos valientes, cuidamos lo que más amamos y defendemos nuestros ideales a capa y espada. Ese capital humano tan impresionante puede ser utilizado en proyectos de participación ciudadana en las áreas de denuncia y prevención del delito.

Cuando la delincuencia no puede ser combatida eficientemente por las instituciones estatales que les corresponde hacerlo, la desesperación ciudadana puede llevar a la gente a pensar en hacer justicia por su propia mano. Esto es lo que ha comenzado a suceder en México.

El anterior caso no es el único, a menudo encontramos en las noticias de ciudadanos que deciden enfrentar la delincuencia por “sus pistolas”. Esto ante la incapacidad de las instituciones del Estado de enfrentar este problema que se nos agrava.

En todos estos casos encontramos un denominador común. Los costos son altísimos. Como solemos decir, la medicina resulta peor que la enfermedad. Casi siempre el ciudadano que enfrenta al delincuente resulta herido o muerto, en otros casos el número de víctimas aumenta.

Esto tiene una explicación lógica. Los ciudadanos no son expertos en el combate a la delincuencia, muchas veces no saben ni manejar el arma que cargan. Los delincuentes son “profesionales” y van decididos a todo cuando delinquen. Muchas veces hay otro delincuente que sin que se vea cubriendo las espaldas del asaltante.

Pero todo esto se presenta como consecuencia de la desesperación en que hemos caído ante el auge delincuencial. Los ciudadanos nos sentimos impotentes y por ello muchos deciden enfrentarlos y hacer justicia por su propia mano. Los resultados son desastrosos. Con esto no se pretende justificar nada, simplemente se busca una explicación de estos hechos, que terminan enlutándonos más.

En otros países ha habido linchamientos populares de delincuentes, en algunos casos han linchados a personas inocentes simplemente por no ser del lugar o tener un aspecto sospechoso. Simplemente por estar en el lugar y a la hora equivocados.

Cuando este fenómeno se generaliza, la sociedad entra en un peligroso proceso de descomposición. El Estado de Derecho desaparece. El país se puede volver ingobernable. La inseguridad aumenta en lugar de disminuir. Todos perdemos.

Por ello es urgente cambiar la situación y son las autoridades las que tienen la palabra y la acción. Ya que esta situación está degenerando por su incapacidad.

Tomar la justicia por nuestras manos es la forma más cara de combatir la delincuencia, tan cara que nos puede costar la vida. Tan cara que nos puede costar la más severa descomposición social y económica de la cual no saldremos tan fácilmente. Tan cara que simplemente no podemos pagarla, ni como personas ni como país.

La justicia por mano propia es un derecho que tiene el ciudadano de bien cuando se ve echado a su propia suerte por la autoridades competentes en ese asunto, si sale bien, si sale mal, o si sale peor son solo circunstancias del momento, todos debemos defendernos a nosotros, a nuestros seres queridos y a nuestras adquisiciones materiales que esfuerzo nos ha costado conseguir

domingo, 21 de noviembre de 2010

CANCUN ZONA LIBRE DE LA INSEGURIDAD


El problema de la inseguridad en Quintana roo es un tema que además de ser preocupante, se ha convertido en el pan nuestro de cada día. Escuchamos, leemos y vemos por todos los medios, noticias escalofriantes acerca de la creciente delincuencia organizada en nuestro estado. El rubro específico de los secuestros, ha creado tal hartazgo en los habitantes del estado que se organiza ya una marcha organizada contra la inseguridad.

Los “dimes y diretes” entre gobernantes, directas e indirectas, ha desviado la respuesta positiva a la problemática actual en el tema de inseguridad, que todos los Quintanarroenses quieren escuchar. Quintana Roo no desea seguir siendo partícipe de la ineficiencia de los gobiernos Lo que Quintana roo quiere ver, es un cambio real, palpable y trascendental en las leyes a secuestradores, una policía efectiva, erradicar la impunidad, castigos reales.

Otro tema que derrama de tal problemática, es la falta de denuncia por parte de las víctimas; que si bien es cierto, es muy importante cómo muestra de manifestación a los hechos, también cae en la desidia del pueblo por la falta de resultados. Lo que consideramos importante es que Quintana Roo se manifieste, no importa el medio, pero que los gobiernos de cada municipio y por supuesto, el federal, sepa que no se está de acuerdo con los resultados que se han mostrado en los últimos años.

Todos los temas que se llevan al congreso del estado son importantes, el tema económico, de desarrollo social, el financiero, etc., pero el que seguramente usted está de acuerdo que urge resolver ya, es el tema de la inseguridad.

Todos los habitantes de éste estado, sobre todo Cancún la ciudad turística más importantes del mundo, han sido blanco de algún robo, asalto o secuestro, directa o indirectamente; alguien cercano a nosotros (amigos, familiares, vecinos o simplemente conocidos) ha tenido que soportar alguno de éstos tristes sucesos SIN ser resueltos.

Cuántas veces no hemos escuchado en pláticas sobre el tema, que la gente exige la intervención de los militares, la pena de muerte a secuestradores, la ley de “diente por diente” a violadores o matar con mano propia a quién se atreva a meterse con los nuestros. Si bien estas ideas pudiesen parecer inhumanas, no están tan lejos de llevarse a cabo si nuestro gobierno sigue buscando responsables a su ineptitud e incapacidad de darnos la seguridad a la que tenemos derecho constitucionalmente como pueblo.

¿Hasta cuándo y hasta dónde vamos a estar dispuestos a seguir viviendo bajo la amenaza de salir de casa y no regresar nunca más?

Un sistema judicial ineficiente y con corrupción es otra causa de la delincuencia

Todos estos aspectos forman parte de un todo. Aunado a lo anterior, está el sistema judicial y penitenciario del estado. Aquí la autoridad tiene la principal responsabilidad. Capacitación de la policía, responsabilidad del ministerio público. Recordemos que estos miembros de la sociedad han salido de familias como muchas otras; así que la reflexión es si nosotros hemos sido partícipes de la corrupción. El anuncio en el cual unos jóvenes salen del cine comentando sobre un promocional en contra de la corrupción y dicen que el que no transa no avanza y en ese mismo momento, sin saberlo, están siendo víctimas de un acto en el cual una joven le da dinero a un policía para que no la detenga por haber golpeado un auto que resulta ser de los jóvenes quienes se acaban de manifestar a favor de la corrupción. En este ejemplo es muy rápida la visualización de que podemos ser víctimas de lo que proponemos, pero generalmente no nos damos cuenta. El mismo publicitario del cine muestra una cadena de actos de corrupción. ¿Has pensado que si tú le das dinero a un policía para que no te levante una infracción de tránsito, con el tiempo él puede ascender o cambiar de lugar de trabajo en la misma corporación y ser quien acepte dinero de un individuo que cometió un crimen más serio como robar, matar, secuestrar? Suena poco probable, pero si nos quejamos de la impunidad es porque hay gente que acepta el dinero que otros le ofrecen, o hay quienes ofrecen para que la autoridad acepte. ¿Has sido parte de esto? Tenemos el derecho de exigir, pero también tenemos la obligación de aportar para ponerle fin a la situación.

La relación del problema con el sistema penitenciario

En cuanto al sistema penitenciario, es un tema que requiere de un análisis mucho más profundo, que va más allá de proponer penas más severas a los delincuentes, es decir, sí debe haber penas más severas pero debe haber otras acciones paralelas. Como víctimas de delitos a veces no pensamos en las razones por las cuales otros delinquen, y penosamente vemos que cada vez hay más jóvenes involucrados. Aquí la propuesta es ver que las cárceles y reclusorios realmente sean “centros de readaptación”. Es frecuente escuchar que son las universidades de los delincuentes, lo que no sabían ahí lo aprendieron, pero qué hacemos como sociedad para mejorar a esta gente, para darle una segunda oportunidad una vez que concluya su pena (no todos están ahí por secuestradores, violadores o asesinos). Propongamos cárceles de alta seguridad, pero veamos que los internos trabajen, estén ocupados, sean apoyados psicológicamente.

Los legisladores y otras autoridades

Exijamos mejores policías, pero respetémoslos. Su trabajo no es fácil, si nosotros los denigramos ellos tampoco aceptarán con dignidad el papel que desempeñan en la sociedad. Como pueblo tenemos el poder de exigir, veamos que a ellos se les den sueldos dignos, de acuerdo con su trayectoria, antigüedad, ocupación. Y por qué no, bajemos las prestaciones de jubilación a quienes no las necesitan: funcionarios públicos que tienen sueldos altísimos de por vida; diputados y senadores que se fijan a sí mismos sus salarios y prestaciones.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¿Qué significado tiene la Revolución Mexicana?


Este 20 de noviembre nos encontramos, de nuevo, frente a la Revolución Mexicana o, para ser más exactos, frente a su memoria, puesto que el gran acontecimiento político que marcó al grueso del Siglo XX mexicano hace tiempo que dejó de tener vitalidad y hoy es, básicamente, recuerdo y, sobre todo, herencia. En efecto, los grandes temas que hoy constituyen la agenda política de nuestro país están planteados y se desarrollan no como prolongación del gran movimiento político, social, económico y cultural que cimbró a la nación entre 1911 y 1916, sino, en parte, como una reacción contra la herencia que dejó ese movimiento.

¿Qué significado tiene la Revolución Mexicana? La respuesta es contradictoria. Por un lado, la "revolución ideal" -el espíritu que la animó- aún puede ser fuente de inspiración, Sin embargo, por otro lado, no se puede negar que la "revolución real", la que realmente ocurrió y no la imaginada ni la del discurso, resultó ser, en mayor o menor medida, una de las causas de los problemas mal resueltos o simplemente no resueltos, a los que nos enfrentamos hoy y que hacen de la vida colectiva mexicana una experiencia llena de frustraciones y peligros.

El cambio de régimen.- En 1910, la rebelión encabezada por Francisco I. Madero fue un llamado al sentido de la dignidad de los mexicanos para poner fin a un sistema político antidemocrático, cerrado, oligárquico, humillante, donde sólo los pocos podían "hacer política", y siempre en beneficio propio o del pequeño grupo al que pertenecían.

La violencia que se inició en 1910 fue el recurso ciudadano de última instancia para confrontar una situación donde el discurso oficial hacía constantes referencias a los grandes valores que guiaban la conducta del presidente Díaz y su gobierno, pero donde en realidad dominaba lo contrario: falta de respeto a los derechos individuales -su vigencia dependía de las circunstancias-, nula efectividad del voto -no había ciudadanos, sólo súbditos- y una corrupción y abuso del poder sistemáticos.

El levantamiento contra Díaz se hizo en nombre de los principios democráticos y morales contenidos en las constituciones del Siglo XIX y nunca aplicados. Sin embargo, una vez que el nuevo régimen se institucionalizó, no fue la democracia ni la ética las que emergieron, sino un régimen autoritario más refinado que el del pasado: menos personalizado, más eficaz e igualmente corrupto. El lugar que una vez ocupara un dictador benévolo le fue entregado a un partido de Estado y a una Presidencia sin otro límite que la no reelección, condición necesaria para institucionalizar la renovación y evitar la esclerosis que había acabado con el porfiriato.

El fracaso de la Revolución como movimiento democrático ha hecho necesario, desde hace tiempo, que una buena parte de la energía colectiva de México se gaste no en tareas constructivas, sino en superar los obstáculos que los intereses creados han puesto para evitar que se haga realidad la demanda que hace 100 años se plasmó en el Plan de San Luis, que el sufragio sea efectivamente la fuente inicial e imprescindible de la autoridad.

La Revolución nunca se propuso realmente rescatar la independencia del Poder Judicial. La procuración de justicia del nuevo régimen fue un proceso enteramente subordinado a las consideraciones políticas de la Presidencia, y esa institución tampoco permitió que los jueces marcharan por el camino de la autonomía. No tuvo que invertir mucho esfuerzo para lograrlo, pues la ausencia de un auténtico Poder Legislativo evitó que la independencia de la Suprema Corte tuviera una base política y social.

Nacionalismo y globalidad.- El nacionalismo fue una de las grandes fuerzas que impulsaron la Revolución Mexicana. Fue ese un nacionalismo que se enfrentó a las potencias europeas, pero, sobre todo, a Estados Unidos. Hoy, el signo de los tiempos es la globalidad, la apertura de los mercados, la universalidad de los valores y la cultura. El nacionalismo revolucionario, que siempre fue más radical en el discurso que en la realidad, es hoy visto por las elites políticas y económicas como una reliquia y un obstáculo para ganar el futuro, futuro que en buena medida pasa por la integración de nuestra economía a la de Estados Unidos.

Del nacionalismo económico revolucionario casi lo único que queda es la defensa de Pemex, pero es una tarea que se dificulta por la historia de corrupción en gran escala de la empresa paraestatal. Hace tiempo que el nacionalismo político, basado en el principio de no intervención, terminó por ser casi la defensa de la clase política mexicana frente a las críticas y el escrutinio del exterior. Sin embargo, valores globales como la democracia, los derechos humanos o la defensa del medio ambiente, ya no retroceden ante la invocación de la soberanía y la autodeterminación, pantallas una Revolución Mexicana más generosa y exitosa de lo que en realidad era.

La justicia social.- El grito más profundo y ético que lanzó la Revolución no fue el de "sufragio efectivo y no reelección", sino el de "Tierra y Libertad", es decir, justicia social y dignidad. Ese fue el sentido histórico de fondo del movimiento revolucionario: la demanda de poner fin a la herencia de una sociedad conquistada, explotada, discriminada y humillada desde el siglo XVI. Ese fue, y sigue siendo, el corazón del huracán político que azotó México de 1910 a 1920; esa fue y es la justificación, si es que finalmente la tiene, de la terrible violencia que entonces se desató sobre México.